Más de 300 millones de personas se encontraban viviendo en un país diferente al de su nacimiento en 2024, según la ONU.
Pero el viaje hacia un nuevo país no siempre se completa.
entre 2016 y 2026
viajando a un nuevo país
Los migrantes se ven expuestos a numerosos peligros durante sus viajes, que en ocasiones les cuestan la vida.
En algunas rutas estos riesgos son mayores, como en la mediterránea
En la última década, al menos 26.200 migrantes han fallecido o desaparecido en el Mediterráneo,
la principal vía de acceso a Europa para africanos y asiáticos que buscan una vida mejor.
A ellos se suman otros 6.000 que murieron en el desierto del Sáhara, como muestran las
estimaciones recopiladas por la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU (OIM).
Es importante tener en cuenta que se trata de estimaciones y cifras modestas, ya que el
proceso de recolección
de los datos es complejo.
Muchos migrantes carecen de estatus legal, por lo que no siempre se registran sus fallecimientos.
A ello hay que añadir que, cuando pierden la vida en mares o zonas remotas, sus restos no siempre son localizados.
Por eso en los datos de la OIM se incluye, junto a los fallecimientos confirmados, aquellos desaparecidos que se presupone que han muerto.
Además, en regiones con una mayor cobertura mediática, como el Mediterráneo o Estados Unidos, se recopila con mayor frecuencia este tipo de información, lo que lleva a una infraestimación del número de fallecidos en otras rutas.
Mediterráneo Occidental
La ruta del Mediterráneo Occidental es otra de las principales vías de acceso a Europa a través de España.
Desde 2016 han fallecido en ella más de 4.600 personas,
procedentes principalmente de Argelia y Marruecos. Las muertes en esta ruta no suceden solo en el mar,
también lo hacen en torno a las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, como courrió en el
salto de 2022.
*El grosor de las flechas indica el número de fallecidos en la ruta.
Ruta Canaria
Otra forma de llegar a España es a través de Canarias,
la ruta más peligrosa
para acceder a nuestro país. En ella, la OIM ha registrado 6.400 fallecimientos en la última década.
Porque las rutas no son fijas. El número de migrantes que transita por ellas varía con los años, como muestra la evolución de fallecidos
en las diferentes zonas del Mediterráneo.
Desde el equipo de movilidad humana de Ayuda en Acción explican a Newtral que los cambios
en las rutas suelen ir precedidos por la imposición de políticas más estrictas por parte de los Estados. Cuando aumentan las restricciones
al tránsito, los migrantes recurren a rutas más peligrosas, donde la presencia de autoridades es menor.
Por estas razones, hablan de la necesidad de un "enfoque basado en rutas migratorias", donde la responsabilidad por las muertes sea compartida por el país de origen, el de destino y todos los de tránsito.
Y es que los migrantes no siempre fallecen en fronteras a las puertas de su destino. Para llegar hasta ellas deben atravesar regiones de difícil tránsito, como sucede con el desierto del Sáhara, uno de los principales obstáculos para los migrantes subsaharianos.
Al menos 6.000 migrantes habrían fallecido en este desierto en la última década, dejando un reguero de muertos que apunta hacia el Mediterráneo, lo que la sitúa como una de las tres rutas más mortales del mundo, junto a la del propio mar y a la canaria.
El gran desierto africano da cuenta también de otro de los grandes dramas de las migraciones: las desapariciones de personas.
Gennaro Avallone, profesor de la Universidad de Salerno experto en migraciones, explica que los datos sobre muertos en el desierto son
estimaciones muy parciales, ya que muchas veces se trata de desaparecidos.
Esta situación dificulta el duelo de sus familiares, provocando una "reducción de la confianza y la esperanza hacia el futuro", suponiendo
"un problema enorme" para sus sociedades.
Mediterráneo Central
Muchos de los migrantes que logran atravesar el Sáhara deben enfrentarse a un último gran obstáculo antes de llegar a Europa, el Mediterráneo Central.
Se trata de la región del mar con mayor mortalidad, acumulando tres de cada cuatro muertes producidas en el Mediterráneo.
De las 40 rutas más mortales, 15 desembocan en esta zona.
Desde Ayuda en Acción, explican que la localización de un mayor número de fallecidos en el Mediterráneo se debe a la unión de factores ambientales y políticos.
“No se trata solo de la peligrosidad de la ruta, también de la política fronteriza que impide la llegada por vías legales”.
Avallone aclara que, si las rutas se vuelven más peligrosas por la existencia de un mayor control fronterizo, los migrantes terminan recurriendo a las mafias para asegurar su viaje. Esto alimenta lo que el investigador define como la “industria de la migración”.
"Sabemos lo que pasa en el Mediterráneo desde hace más de 25 años, cuando empieza a haber datos. Sabemos lo que pasa con los fallecidos, las mafias, el confinamiento de personas y la explotación laboral". Sin embargo, las políticas aplicadas por la Unión, basadas en la externalización y la lucha contra las mafias, no han logrado frenar estos problemas.
Porque las muertes a las puertas de Europa no solo suceden en el mar. También se dan en las fronteras de terceros países, como Turquía.
La concentración de fallecidos en todos los flancos turcos, desde sus fronteras europeas hasta las que comparte con Siria e Irán,
no se entienden sin la externalización de fronteras promovida por la Unión Europea, como explica Avallone.
Para el investigador, que la cifra de fallecidos no haya disminuido es una prueba de que la política de externalización no ha cumplido con
su objetivo de desincentivar la inmigración. Su resultado real es que las muertes “se han invisibilizado” al no suceder en los países europeos,
contribuyendo a que “se haya normalizado que [los migrantes] sufran violencia y/o explotación laboral”.
Además, estas medidas "tienen el problema de que dependen de los Estados con quienes se firman acuerdos", otorgando a países que atraviesan crisis internas, guerras y falta de democracia un "arma política" en sus negociaciones con la UE.
Las muertes derivadas de la externalización de fronteras y el papel de las mafias también son frecuentes en América, como destacan desde Ayuda en Acción.
"Es la falta de vías legales la que obliga a recurrir a vías alternativas, cuya gestión es ocupada por el crimen".
Aunque los migrantes conocen los riesgos, "no es una decisión libre", ya que cuentan con factores de exclusión que les empujan a tomar esta decisión. Además, se trata de una elección "parcialmente informada", encontrando riesgos que no esperaban o no sabían dimensionar.
Al igual que sucede en Europa, en América la situación ha empeorado por el endurecimiento de las medidas implementadas por los Estados de tránsito,
como explican desde Ayuda en Acción.
La ONG pone el ejemplo de la adopción de una política más restrictiva en materia de visados por parte del Gobierno mexicano. Para sortear las restricciones,
los migrantes recurren a mafias y atraviesan rutas más peligrosas, como desiertos o selvas, lo que aumenta los riesgos físicos a los que se ven expuestos.
Tapón de Darién
Es lo que sucede en el Tapón de Darién, el principal cuello de botella para los migrantes sudamericanos. Como explican desde Ayuda en Acción,
"no hay otra ruta terrestre para pasar desde el sur". Se trata de "una región conocida por sus intransitables pantanos y
densos bosques tropicales", como recoge la OIM.
Como consecuencia, aumenta el riesgo de muerte al mismo tiempo que “apenas existen datos” sobre la cifra real de migrantes que fallecen en la región.
Algo similar sucede en el Caribe, donde la mayoría de las muertes de migrantes no llegan a confirmarse, quedando registradas por la OIM como desapariciones al no encontrarse los cuerpos de las personas.
Tapón de EEUU-México
Las muertes en la ruta hacia Estados Unidos se terminan concentrando en torno a la frontera del país, especialmente en el este de Texas.
Para Ayuda en Acción, esta barrera es un buen ejemplo de militarización de fronteras y las consecuencias que conlleva:
"Las restricciones en las fronteras no reducen el tránsito, lo dificultan".
Estas situaciones no se dan únicamente en el tránsito hacia países occidentales. Tras la ruta mexicano-estadounidense, las zonas con mayor flujo de migrantes en 2024 se localizaron en Oriente Próximo, en las fronteras entre Afganistán e Irán y Siria y Turquía, según la ONU.
Los datos de fallecimientos muestran que entre las rutas más mortíferas se encuentran dos que parten del cuerno de África (de Etiopía al Sur del Continente y Yemen)…
…la ruta afgano-iraní…
…o dos de las nacidas en Myanmar.
¿Se puede hacer algo para evitar estas tragedias?
Para Gennaro Avallone hay evidencias de que otra forma de actuar por parte de las instituciones estatales es posible, sirviendo de ejemplo el caso de Ucrania.
Tras el comienzo de la invasión rusa en 2022, la Unión Europea puso en marcha mecanismos que facilitaron la acogida de ucranianos. Según Eurostat, en marzo de 2026 unos 4,3 millones de ciudadanos de Ucrania contaban con protección especial para residir en la UE.
En este caso, la OIM ha registrado el fallecimiento o desaparición de 91 ucranianos en la frontera europea desde el año 2022,
muy lejos de las cifras de otras crisis migratorias.
Para Gennaro Avallone, estas cifras demuestran que poner freno a la muerte de migrantes en las rutas “es una cuestión política”. A su juicio, “defender la vida no es luchar contra los traficantes, es garantizar la libertad de movilización para que las mafias no sigan prestando sus servicios”.
Por su parte, desde Ayuda en Acción indican que la solución debe pasar también por lograr que las rutas sean más seguras.